Obediencia: Matar mi voluntad

Categories: Temporada 2013

Cuánto nos cuesta a veces obedecer órdenes de nuestros superiores, autoridades, jefes, padres o líderes. Y por sobre todo, cuánto nos cuesta obedecer la voluntad de Dios padre, cuánto nos cuesta entender que muchas veces lo que pareciera ser el peor de los caminos, al final nos lleva a puerto seguro, gracias a la Obediencia.

Luchar contra nuestra propia voluntad, eso es Obediencia…

Recordando una de las historias mas desgarradoras de la biblia (por lo menos para los que conocemos el amor hacia un hijo) la histroria de Abraam e Isaac, hijo único, amado y deseado, concebido por milagro y promesa divina por su madre Sara, a los 90 años de edad; sin embargo, Dios lo pidió en sacrificio… Que tan extremadamente doloroso fue para Abraam tomar a su niño, cargar sus hombros con leña (la misma que más tarde serviría para quemar su cuerpo), que tan desgarrador el camino, cada vez que escuchaba las palabras de su niño preguntando “¿Papito, y donde está el corderito que vamos a sacrificar?”, sabiendo Abraam que ese pequeño que le alegraba la vida, era el verdadero sacrificio, el cual debía despedazar y quemar con sus propias manos…

Sin embargo, el amor y la obediencia de Abraam eran tales, que sobrepuso a Dios por encima de todo y todos, incluso de su propia familia, de su sangre, de su hijo, su corazón estaba destrozado y triste, sin embargo, fue obediente, colocó la leña e hizo un altar, amarró a su pequeño, empuñó y levantó el cuchillo para atravesarlo, en ese mismo instante, un ángel del Señor empuñó con fuerza su brazo y lo detuvo por mandato de Dios padre…

“Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.” (Biblia; Génesis 22:11)

Luego de esto, Dios halló obediencia ciega en Abraham (no es falta de ortografía, Dios padre cambió su nombre de Abraam que significaba padre enaltecido por Abraham que significa padre de multitudes), pues Dios padre en premio lo hizo padre de multitud de naciones… Y todo gracias a su Obediencia…

Hacer la voluntad de Dios padre no es para nada fácil

Tantas veces, nos es casi imposible obedecer, pero ¿Por qué lo hacemos?, ¿Por qué nos cuesta tanto la obediencia?, Simplemente porque para poder hacer la voluntad de Dios debemos “dar muerte” a nuestra propia voluntad , la lucha de fuerzas, el sacrificio que significa para cada uno soltar y dejar ir su forma de ser y de pensar, o incluso en momentos determinados ir hasta en contra de ellas, es lo que hace  en ocasiones, sumamente difícil, el obedecer a Dios padre. Sin embargo, cuando renunciamos a actuar de la manera en que el mundo nos ha enseñado, dejando atrás la vil competencia por imponernos ante los demás, ante Dios padre, y nos sometemos humildemente a la Voluntad de nuestro Señor, entenderemos que obedecer ya no se convierte en una carga, sino en una liberación.

El dejar de lado nuestra tristeza, nuestro pensamiento cerrado pensando en ese sentido falso de pertenencia, y digo falso, porque aquí nada nos pertenece, desde la más minúscula partícula, hasta la más grande de sus creaciones, incluyendo entre ambas al ser humano, a nosotros mismos como individuos, entenderemos que la voluntad de Dios padre es Su simple deseo de que le seamos fieles y obedientes, pues es Él quien nos ha dado todo.

obediencia a Dios padre

Mi voluntad muere, a partir del momento en que le entrego a Dios padre el control de mis acciones.

Pero mucho ojo, a veces confundimos el entregar nuestra voluntad a Dios, cuando en realidad la estamos entregando a una persona, y recuerden, maldito el hombre que confía en el hombre, nuestra naturaleza humana, muchas veces nos traiciona, el dominio por nuestros pensamientos no puede ser dominado más que por nosotros mismos, eso aunado a seguir los mandatos de Dios padre, sutilmente aprenderemos que no se trata de imponer a Dios, sino de dejarnos ir en su amor, lo que nos hace obedientes, la obediencia tiene muchas promesas, así que por difícil que a veces parezca seguir un mandato de Dios padre, al practicar la obediencia, entenderemos que, lo que antes sentíamos como obligación, es en realidad un placer. El placer de servir con obediencia a nuestro Dios creador, aquel que nos llama Sus hijos amados, al Único que le debemos obediencia ciega, porque lo único que desea es nuestra salvación, para que gocemos de Su presencia eternamente, simplemente porque nos ama.

“…Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”  (Biblia, Mateo 6:9-10)

Que la bendición de Dios padre llegue hasta ustedes como luz cegadora, que su brillo llene de alegría y optimismo sus corazones y que cada decisión la sometan a la voluntad de Dios padre por obediencia.

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Bendiciones

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