Enojo, a veces es injustificado

Categories: Temporada 2013

Hay situaciones en la que nos vemos envueltos día a día, que nos pueden traer cierto o mucho enojo y tristeza, nosotros, los hijos e hijas de Dios, también podemos sentirnos así, sin embargo no siempre es justificable…

Enojo, puede ser más falta de agradecimiento…

¿Por qué digo esto? Dios padre nos ama a todos por igual, a muchos nos tocó nacer con una inteligencia buena o por lo menos promedio, en un país afortunado, donde se respira libertad, donde tienes acceso a la educación, al trabajo digno, a otros, en circunstancias más difíciles, lugares con poco acceso al aprendizaje, y otros simplemente decidieron no querer hacer nada de una vida que quizá prometía mucho más, igual nos ama y a veces nos pide ciertas cosas y nos prueba, a unos con más paciencia que a otros, según su circunstancia y forma de vida.

Dios, a quién da más, le pide mucho más

Hay una historia bíblica que personalmente me gusta mucho, la de Jonás, quien era un hombre común y corriente, algo “cascarrabias”, parece que le “gustaba” el enojo, quizá de un origen humilde, de poca educación, sin embargo Dios le ordena ir a “Nínive” a comunicarles su destrucción, pues Dios padre encontró mucha maldad ahí, Jonás en lugar de ir obediente, se alejó lo más que pudo, llegó a un puerto, pagó su pasaje, subió a la embarcación que lo llevaría totalmente a otro lado muy lejos de “Nínive”, y zarparon, cuenta la historia, que empezaron a pasar cosas malas a la embarcación, cuenta que Dios “envió” un viento que se convirtió en tempestad, el barco quería partirse en dos, y Jonás haciéndose “como que la cosa no es conmigo” aparentando estar dormido en una de las bodegas…

El capitán llega, “despierta” a Jonás y le pide que ore a su Dios para que cese la tormenta, mientras tanto los marineros, echaron “suertes” (que también sabemos que no le gusta eso a Dios, que quede claro) para ver quien era el “culpable” de tal desgracia, y adivinen a quien le cayó la suerte… efectivamente a Jonás, al encararlo, Jonás confesó que sí, que efectivamente estaba huyendo de Dios porque lo mandó a Nínive a hacer algo que él no quería hacer (pobre alma, según él se estaba escondiendo de Dios jajajaja), entonces los marineros, con mucho enojo (bastante justificado, pues estaban en peligro de muerte por la desobediencia de Jonás) lo echaron al mar y la tormenta cesó de inmediato.

El gran pez

Pero bueno, Dios con su paciencia de Santo, aunque con cierto enojo con Jonás, le manda un enorme pez, decide perdonar la desobediencia y lo salva, el pez se lo traga y permanece dentro de éste por tres días (un Padre disciplinando al hijo que ama). Jonás,  recapacitó y pidió perdón a Dios por su desobediencia y como Dios vio arrepentimiento en su corazón, le ordenó al pez “escupir”  a Jonás, en la orilla del mar.

Por segunda vez Dios (quien tenía un enojo muy justificado) le ordena ir a Nínive… Sin pensarlo dos veces Jonás emprende su viaje de tres días, llegó a la Ciudad y empezó a recorrerla por tres días más (que era lo que tardaba en cruzar de un lado a otro) diciendo “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” (Y Jonás feliz pues Nínive era una ciudad enemiga de su ciudad), pero la historia toma otro rumbo, el pueblo escuchó a Jonás, y empezaron a arrepentirse, se vistieron de “cilicio” (una especie de luto), y empezaron a orar al Dios de Jonás, pidiendo misericordia (posiblemente ya conocían de Su poder y que su enojo no era en vano, se lo habían ganado), la noticia llegó a oídos del rey de Nínive, éste, al igual que su pueblo, en lugar de sentir enojo, se viste de cilicio y se sienta en ceniza, y ordena que toda persona y animal en Nínive hagan ayuno, no pueden comer ni beber absolutamente nada, pidiendo a Dios padre que los perdone. Dios al ver el arrepentimiento genuino de Nínive, al ver que el pueblo no tenía enojo, si no arrepentimiento, decide no destruirlos.

Jonás sale de la ciudad (de fijo con bastante enojo) y cual espectador se sienta a esperar la destrucción de Nínive, teniendo la esperanza de que Dios destruyera a sus enemigos, empieza el calor desértico, y Jonás vuele al enojo repentino (para variar)… Y le dice Dios: ¿Haces bien en enojarte? (Me imagino a Dios con una sonrisa, cual padre al ver a su niño pelear por un dulce, al ver a Jonás ahogado en cólera y enojo, porque para perdonarle tanto es porque Dios observaba algo más en él -no solo su enojo-, posiblemente era uno de sus hijos consentidos), y Jonás le contesta con mucho enojo algo así:

“Estoy tan bravo que quiero morirme, mejor quítame la vida, mátame ya”. Dios, lejos del enojo, decide darle una lección de amor a Jonás, y decide hacer crecer una enredadera para que lo refrescara y le diera sombra, y Jonás feliz por lo que Dios hizo, sin embargo, durante la noche, Dios decide mandar un gusano que, se come la raíz de la enredadera y la marchita, al amanecer un golpe de calor le dio a Jonás y cuenta la biblia que casi se desmaya incluso, y ¿Adivinen qué? El enojo vuelve a Jonás, y nuevamente Dios le pregunta: ¿Tanto enojo te causa la muerte de esa enredadera? y Jonás totalmente fuera de sus cabales, con mucho enojo, le contesta: tanto, tanto me enojo, que quisiera morirme… Y es aquí donde  viene la enseñanza; Dios le dice: ¿Te da pesar la muerte de esa enredadera?, en la cual no trabajaste, ni la hiciste crecer, que creció en solo una noche, y murió en otra noche…

enojo

Muchos nos identificamos con Jonás…

Sin embargo al leer la historia entendemos que en realidad Dios tenía razón y Jonás se enojo sin necesidad, por situaciones que no podía, ni debía controlar, posiblemente padecía hasta de úlcera por tanto enojo (no lo sabemos), por eso debemos tomar ese ejemplo, y debemos tratar de limar nuestro carácter. Posiblemente dentro de la misión que Dios padre nos encomienda, nos vamos a encontrar con esas “pequeñas pruebas” de Dios, para limar nuestra forma de ser y actuar con los demás, para perfeccionarnos. Posiblemente en ocasiones te has enojado a tal grado, de confrontar a alguien por un pequeño error, de herir con palabras a otro, incluso pensando que haces bien, o caer en un gran enojo, porque algo no salió como “debiera” o más bien dicho como tú querías que saliera, incluso desear a veces morir (eso se llama ahogarse en un vaso de agua), al final, con la historia de Jonás, Dios padre nos muestra compasión y amor, incluso nos dice que Él también puede entrar en enojo por nuestra forma de mal actuar, pero que también puede arrepentirse de llevar a cabo un juicio cuando ve arrepentimiento y contrición en los corazones.

Entonces ¿Quiénes somos nosotros, para entrar en enojo, porque las cosas no salen como deseamos?, Acaso ¿Trabajamos en formar el mundo, tuvimos algo que ver en crear a las personas, hicimos algo para merecer la vida? Sin embargo aquí estamos, disfrutando de esos “placeres” (el mundo, el sol, la brisa, nuestra familia, amigos y personas que amamos, nuestra vida, nuestro respirar y nuestras fuerzas que vienen de Dios) en los cuales no trabajamos, y a veces no disfrutamos, por andar en enojo, por pequeñeces y cosas Banales del mundo.

“Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? ¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida ?”

La Biblia; Mateo 6:25-27

Que Dios padre te pruebe en todo y que al sentir empezar el enojo, recuerdes esta historia, que la empezó Dios en la biblia, y la terminó Dios por medio de mis manos (en las cuales no trabajé para hacerlas) para que hoy la leas y ojalá aprendas…

Dios padre te llene de muchas bendiciones y te libere de una vez por todo del enojo injustificado…

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